Dinamita

29 de marzo de 2026

Este nuevo trimestre en el que vamos a hablar del poder del Espíritu o del Espíritu de poder, valga el juego de palabras, es un tiempo en el que juntos vamos a avanzar. Y vamos a leer los libros de Hechos, Jueces y Filipenses. 

Entendemos que es el Espíritu Santo el que toma el señorío de la iglesia y, a través de hombres y mujeres, hace la obra de Dios. Es la persona del Espíritu Santo moviéndose, actuando, dirigiendo, operando.

Lo mismo vemos en el antecedente del libro de los Jueces. Son personas sobre las que vino el Espíritu Santo y que se convirtieron en libertadores. Personas comunes, pero con un poder extraordinario. Y después Filipenses, que nos habla, nos prepara para el retorno de Jesús y nos muestra el poder del Espíritu Santo operando en la iglesia.

Ahora, el pasaje que marca la dirección es muy conocido: Hechos capítulo 1, versículo 8. Y dice así: pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo.  Y el versículo termina diciendo: “Y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. O sea, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra realidad. 

Antes de empezar el año, escribimos la palabra profética para estos tres meses. Y lo que veíamos de parte del Señor era esto: Dinamita. Ese es el Espíritu Santo en la iglesia. Reforma, transformación, impacto y poder. Él es la fuerza sobrenatural que dio origen a todo. Él es quien levantó a Jesús de entre los muertos. Y ese mismo poder vive hoy en nosotros. No es otro poder. Es él mismo.

Este trimestre, abril, mayo y junio, es un trimestre para ser desafiados. Desafiados a crecer en número, en alcance, en milagros y en señales. Con un propósito claro: revelar a Jesús con mayor fuerza y hacer retroceder las tinieblas. Crecen los turnos de intercesión y adoración en todo el cuerpo de Cristo. A medida que nuevas personas se añaden, enfrentamos el desafío de crecer en un discipulado cuya marca distintiva sea la operación del poder del Espíritu Santo. No solo conocimiento, no solo estructura, sino poder.

Somos entrenados como un ejército preparado para avanzar, recuperar lo perdido y llenarlo todo de la gloria de Jesús. Y entendemos que esto es un mapa. Entendemos por qué hacemos escuela de discipulado. Entendemos por qué abrimos nuevas áreas. Porque le creemos a la palabra que Dios habló.

Por eso no vamos a abrir este trimestre de manera tranquila. No lo vamos a abrir de manera protocolar. Nosotros vamos a dinamitar la puerta. Vamos a entrar con el poder del Espíritu Santo. ¿Por qué dinamita? Porque la palabra dinamita viene de dunamis. Es la palabra que aparece en Hechos para definir poder. Pero recibirán dunamis cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes.

Y esta palabra no habla solo de autoridad, habla de un poder operativo. Un poder que actúa. Un poder que produce. Un poder que transforma. La dinamita no nació como algo destructivo. El explosivo original era la nitroglicerina, un elemento muy volátil, muy peligroso. No se podía manipular fácilmente. Pero apareció alguien que logró estabilizarlo y hacerlo utilizable. Y así nació la dinamita.

Y esa dinamita abrió caminos. Permitió construir, avanzar, romper barreras. Donde antes se tardaban años, ahora en un instante se abría camino.

Eso es lo que hace el Espíritu Santo en nosotros. No es una emoción. No es algo descontrolado. Es poder operativo. Es poder que abre camino donde no hay camino.

El libro de Hechos es la continuación del evangelio de Lucas. Y al final de Lucas, Jesús les dice a sus discípulos que esperen, que oren, que no se muevan hasta ser investidos del Espíritu Santo.

De 500 personas que vieron a Jesús resucitado, solo 120 permanecieron. Solo 120 resistieron la espera. Solo 120 estuvieron dispuestos a quedarse. Y esos 120, llenos del Espíritu Santo, dieron inicio a la iglesia. 120 personas que sacudieron naciones, que transformaron la historia, que expandieron el evangelio. Y esta promesa no es solo para ellos. Es para nosotros.

Seguir a Jesús es vivir una relación marcada por el poder del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo no es una sensación. No es algo que encendemos o apagamos. Es la tercera persona de la Trinidad. Es Dios. Es un poder que nace en nosotros cuando conocemos a Jesús, pero también es un poder que viene sobre nosotros para capacitarnos. Y ese poder no es el fin. El poder es el medio. El propósito es ser testigos.

Testigos en Jerusalén, en lo cercano. Testigos en Judea, donde se amplían nuestros límites. Testigos en Samaria, donde hay rechazo. Y testigos hasta lo último de la tierra.

No hay evangelio sin el poder del Espíritu Santo. No hay vida en Cristo sin ese poder.

Y sin embargo, muchas veces vivimos como si no lo tuviéramos. Nos acostumbramos a nuestras limitaciones. Creemos que no podemos. Pero eso no es lo natural. Lo natural es vivir bajo el poder del Espíritu Santo. Ese poder nos capacita para transformar nuestro entorno. Nos capacita para restaurar familias, para levantar lo que estaba caído, para abrir caminos donde no había.

Ese poder es valentía para predicar, es milagros, es discernimiento, es dirección, es resistencia en medio de la dificultad, es gozo en medio del dolor. No es algo teórico. Es real. Es operativo. Es constante. Y ese poder está disponible para nosotros. No es una idea. No es una emoción. Es una persona.

El Espíritu Santo nos conoce, habita en nosotros y opera desde adentro hacia afuera. Nos guía, nos transforma, nos sana. ¿Y qué nos conecta con este poder? Una relación. Orar, buscar, pedir.

Entonces tenemos que preguntarnos: ¿en qué momento dejamos de vivir con poder? ¿En qué momento nos acostumbramos a vivir sin esa fuerza? Sin el Espíritu Santo esto no funciona. Nada de esto funciona. Todo está sostenido por su poder. Por eso creemos. Creemos que vamos a ver jóvenes, milagros, transformación. No por nuestra capacidad, sino por su poder.

Cada día él nos muestra que sigue siendo el dunamis de Dios. Que sigue transformando vidas, que sigue haciendo milagros, que sigue restaurando. Entonces, ¿por qué seguir intentando con nuestras fuerzas? ¿Por qué seguir rompiendo con pico y pala si tenemos este poder? Tenemos que volver a orar. Tenemos que volver a clamar. Tenemos que volver a depender. Queremos ver lo que somos capaces de hacer bajo el poder del Espíritu Santo.

Este es un tiempo de avivamiento. Un tiempo donde cada uno va a ser como dinamita. Donde se rompen cadenas, donde se abren caminos, donde se transforma la realidad. Y nuestros hijos van a ser impulsados por ese poder. No por nuestra capacidad, sino por lo que el Espíritu Santo haga en nosotros. Por eso abrimos este trimestre buscando no cualquier poder, sino este poder. El poder operativo del Espíritu Santo. No es con nuestra fuerza. Es con su poder.

Y creemos que esto no va a quedar dentro de cuatro paredes. Esto va a salir. Va a ir a las calles, a las plazas, a las naciones. Va a ser toda la iglesia operando bajo el poder del Espíritu Santo, llevando la gloria de Cristo a cada lugar.

Espíritu Santo, te pedimos perdón si te hemos ignorado. Perdón si cambiamos tu poder por otras cosas. Hoy nos volvemos a vos. Reconocemos tu señorío en cada área de nuestra vida. No buscamos una sensación. Buscamos una persona. Cristo Jesús.