Unidos

19 de febrero de 2023

Este año la palabra es AVIVAMIENTO SUSTENTABLE y tiene que ver con este proceso de romper esa semilla como lo menciona San Juan 12:24-25 (RVR) “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”

Esta palabra la encarnó Jesús en sí mismo, se vistió con nuestra cáscara, el Dios eterno, poderoso y sobrenatural se vistió de esta cáscara, de nuestras debilidades, errores, de nuestros pecados, no todo lo que está dentro nuestro es malo, sino que nuestra naturaleza va más allá de aquello que nos contaminó en el momento en que llegamos a este mundo. Dios nos pensó desde antes, nos asignó un propósito, un destino y puso de su vida en nosotros, nacimos en este sistema y empezamos a hacernos una cáscara. Esa cáscara se llama pecado que es lo que apaga la vida de Dios que hay en nosotros, si bien cada uno decidimos alejarnos de Dios también hubo cosas que nos tocaron vivir donde de repente nos encontramos en medio de golpes, de perdidas, de situaciones que nos obligaron a ponerle el pecho a las balas.

Cuando venimos a Cristo él nos limpia con su sangre, nos derretimos por su presencia y como la semilla, nos caemos en tierra rompiéndose la cáscara que nos recubre, activándose así todo lo que hay de Dios en nosotros y allí es donde nacemos, crecemos y nos desarrollamos.

Ese es el principio de un avivamiento sustentable, mucha gente tiene un encuentro con Jesús, cae a tierra, la cáscara se corre pero ahí se muere, toda su vida tiene ese techo, por eso debemos preparar una iglesia de discipuladores, adolescentes que discipulan en sus escuelas, maestros que discipulan en sus colegios, gente en las oficinas que discipulan a sus compañeros, discipuladores que toman la vida de Jesús replicándola en los demás en cada espacio en donde están.

En el libro de Corintios nos habla que donde está el Espíritu hay libertad y donde hay libertad somos transformados de gloria en gloria y de poder en poder. Entonces nos podemos preguntar ¿de dónde viene la gloria de Dios, cómo somos transformados? A lo cual Pablo nos responde que “La leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente peso de gloria” 2º Cor. 4:17 (RVR) es decir que la gloria viene de las tribulaciones, lo que rompe la cascara y trae bendición a nuestras vidas no es otra cosa que el conflicto que estamos viviendo hoy.

No somos transformados de problemas en problemas, sino de gloria en gloria.

La tribulación momentánea produce un efecto de gloria y ¿Cuál es ese efecto? Que como una planta echamos raíces hacia abajo y crecemos hacia arriba, sin raíces profundas y crecimiento no podemos avanzar, ¿Cómo hecho raíces? Nos anclamos en nuestra iglesia local, amamos a nuestro grupo de vida, buscamos servir al Señor, servimos y amamos a la gente que nos rodea, tenemos sentido de pertenencia. ¿Cómo crecemos? Teniendo una vida de adoración, de devoción, porque cuando echamos raíces y crecemos es donde viene el fruto y la multiplicación. El Señor nos dice que el que lleva fruto será podado, porque cuando comienza a crecer el árbol debe ser podado, sino la fuerza se la llevan las hojas y no produce fruto. Nadie quiere un árbol frutal sin fruto, cuando se cortan las hojas la energía se concentra en el fruto produciendo así la semilla que es la que trae la multiplicación.

Después de dar el fruto viene la muerte, la cual no es algo lúgubre, sino que es el paso a una nueva generación. Cada vez que llevamos a nuestros hijos a casa de oración, cada vez que renunciamos o posponemos cosas para adorar en nuestra familia lo que hacemos es morir para que una nueva generación se levante.

Eclesiastés 4: 7-12 (NVI)

Acá vemos a Salomón con sus frustraciones nuevamente, él se está mirando al espejo y dice: he visto un hombre que está solo, Salomón llega al final de sus días sintiéndose solo como le pasó a su padre el rey David, es el riesgo de no estar unido a lo que uno ama. Salomón tenía sus hermanos, sin embargo estaba solo, no tenía donde apoyarse y en sus hijos tampoco, Roboam uno de sus hijos en lugar de mirar los errores de su padre y mejorar terminó empeorando la situación. Durante el reinado del hijo de Salomón es donde Israel se divide y es el quiebre del pueblo de donde él también fue rey. Por eso se mira al espejo y percibe esta realidad: veo a un hombre solo que toda su vida se afanó por ser el rey más sabio, por tener riquezas, pidiéndole algo a Dios y cuando se lo concede hace lo que quiere con ello. Salomón se da cuenta que teniendo la sabiduría y riquezas que Dios le dio se afana en ello y no hace lo que el Señor le llamó hacer. Al final de sus días comprende que las riquezas no están en los bienes materiales y en las conquistas personales, por eso se siente solo. Entendemos que la soledad no es ausencia de personas sino que es vacío, se produce cuando nos aislamos, la soledad es no encontrarnos en Cristo, en quien somos, no sentirnos parte, la soledad nos come el alma, asesina y rompe. Podemos tener pocas personas alrededor pero no sentirnos solos, aun podemos estar solos sin estar en soledad.

La soledad que siente salomón lo lleva a reflexionar sobre lo que es verdaderamente importante. Cuando Jesús elige una fruta para compararnos eligió la uva, dijo yo soy la vid y vosotros los pámpanos, el que permanece unido a mi llevara mucho fruto. La uva es una fruta que crece en racimos, en este pasaje de Eclesiastés visto anteriormente Salomón nos regala el concepto de que el fruto se da en unidad y es lo que dice Jesús en Juan. Cada uno de nosotros somos la uva del racimo, nada empieza y termina en nosotros, todo es en conjunto, en unidad. Por eso Satanás busca romper las relaciones de amistad, de noviazgos, de matrimonios porque sabe que donde hay relaciones sanas y unidad real hay mucho fruto. En lugar de pelearnos entre nosotros debemos pelear contra el diablo, en vez de que nuestras diferencias nos separen tenemos que entender que la unidad es más que estar de acuerdo, porque el día en que entramos en desacuerdo ya nos desunimos.

La unidad tiene que ver con pertenecer a la misma persona que se dio en la cruz del Calvario, que nos compró con su sangre, que nos dio libertad para pensar, elegir, lo que nos une es la persona de Jesucristo.

Lo que nos mantiene unidos es que Jesús está en medio nuestro, quizás hay momentos que ni siquiera estamos en acuerdo con nosotros mismos, sin embargo Jesús nos ama, nos levanta y nos sustenta. Donde hay unidad hay mucho fruto, por eso se hace conflictivo trabajar en comunidad, Dios podría haber elegido un grupo de superhéroes para que lleven adelante todo, pero Dios eligió una comunidad, determinó que cada persona sea un héroe, levantó una nación santa, un pueblo adquirido con su sangre para que todo ese pueblo lleve su gloria a donde quiera que esté. El desafío es caminar en unidad.

v.10 cuando caminamos unidos es maravilloso, todos necesitamos del otro. Dios proveyó en la unidad el sostén en el cuerpo, por eso están los grupos de vida para latir todos al ritmo del corazón de Dios, cuando uno se cae el otro lo levanta, cuando alguien pasa un buen momento el resto se alegra con él, ese es el espíritu de unidad de la iglesia. Por eso cuando no encajamos en el cuerpo, cuando nos sentimos aislados y en soledad tenemos que pensar quién necesita de nosotros para ayudar en el cuerpo y sostener.

Quizás hemos vivido un evangelio muy personal, pero Jesús nos lleva a vivir el evangelio en unidad.

El discipulado es un mandato, es levantar al que esta caído, pero también debemos ser vulnerables y dejar que otros nos levanten. Cuando levantamos a alguien es un honor, un privilegio, nos levantamos a nosotros también porque somos un cuerpo. Debemos aprender a confrontar con amor cuando es necesario, el chisme, la murmuración, la queja no son parte de nuestra esencia y es lo que el Señor quiere erradicar del cuerpo, además  es donde el enemigo siempre ataca, debemos ser sanos y sanar, todos los días nos curamos y liberamos, donde hay desacuerdo debemos confrontar con amor y seguir caminando.

v.11 cuando Salomón escribe esto no había calefacción en ese momento por eso lo menciona dándonos a entender que la unión produce una fricción que nos hace uno. En Proverbios el mismo Salomón dice que hierro con hierro se aguza, no solo habla de tener calor en contra del invierno, sino habla de la fricción que es necesaria para poder crecer, es necesario aprender a confrontar con amor y no tener temor. Debemos tener una medida justa de quien somos y eso se da en la unidad, la tensión bien conducida produce fusión y la fusión hace que el fuego se transmita de generación en generación. Somos gente distinta pero unidas por el amor de Jesús, comprados con la misma sangre, poniéndonos hombro con hombro, valorando a quien tenemos al lado, equivocándonos juntos y teniendo los aciertos también.

Mejor es dos que uno, porque donde hay unidad hay calor, donde hay calor hay fuego y donde hay unidad Cristo es revelado.

Lo que hace Jesús hace es tomar la palabra de Juan 15:16-17 que es la última antes de ir al Padre pidiéndole: “que ellos sean uno así como nosotros somos uno, para que el mundo sepa que fui enviado, tendrán aflicción en este mundo porque los perseguirán pero donde sean uno mi gloria se revelará, mi presencia estará, mi gloria se manifestará para que den mucho fruto”.

v.12 Todos necesitamos un cerco de protección pues vivimos expuestos a cosas que nos sacuden todos los días, todos vivimos expuestos a miles de palabras y tentaciones que nos quieren separar, por eso la bendita idea de Dios es que seamos UNO. Conformamos el cerco de protección que nos contiene, no podemos ver a nuestro hermano como nuestro enemigo, debemos aprender a resolver nuestras tensiones y ser parte de ese cerco de protección que nos da la fortaleza para permanecer en pie hasta que Jesús regrese.

No hay unidad si el hilo principal no es Cristo.

Nos esforzamos, nos constituimos como parte del cerco de protección, tomamos de las experiencias de nuestros hermanos mayores, necesitamos caminar juntos porque un avivamiento sustentable son generaciones transitando en lo que Dios tiene para sus vidas. No le damos a Dios lo que sobra, constituimos juntos un cerco de protección, por eso si el grano no cae a tierra no lleva fruto, parte de morir es brindarnos al otro, parte de morir es crecer en unidad, parte de morir es aprender a pedir perdón y ser perdonado, parte de morir es comernos el orgullo sabiendo que no somos solo una uva, sino que somos parte del racimo, entonces en esa unidad el Espíritu se derrama.

El día de Pentecostés estaban unánimes juntos, la unidad es el principio de una revolución, establece un nuevo punto de partida, cada vez que partimos lo que tenemos el cuerpo se multiplica, crece y es bendecido. Mejor son dos que uno porque recibirán y tendrán mucho fruto, mejor son dos que uno porque si uno cae el otro lo levanta, mejor son dos que uno porque unidos encenderán fuegos que nadie los podrá apagar, mejor son dos que uno porque resistirán, mejor son dos que uno porque la cuerda de tres hilos difícilmente se rompa.

La unidad despierta el avivamiento.

“No nos vamos a romper, no porque seamos invulnerables sino porque estamos unidos en Cristo Jesús y en esa unidad estamos trayendo el reino de los cielos a la tierra. Veamos siempre a Jesús en el otro porque así lo desea el Espíritu Santo, dejemos de ver el defecto en nuestros hermanos, no critiquemos, no nos sintamos jueces de nadie, es más importante la compasión que la jerarquía. No hay avivamiento donde hay comodidad, en la fricción está el crecimiento, viviendo en un espíritu de unidad y amor es donde traeremos el avivamiento con poder”.

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