9 de agosto de 20206
Salmo 119. Necesitamos leer la Biblia y nosotros la leemos congregacionalmente. Este mes vamos a estar leyendo las cartas de Juan y queremos compartir un mensaje acerca de la luz.
1 de Juan: 1:5-10
Juan, el anciano, escribe esta carta a una iglesia, aparentemente en la zona de Éfeso, en lo que sería hoy la zona de Turquía. Había aparentemente algunos errores y algunas cosas que corregir, pero Juan no escribe simplemente apuntando a corregir, sino llevándolos a Dios, llevándolos al principio y llevándolos a Cristo.
Juan utiliza constantemente algunos conceptos que amplifica a lo largo de sus cartas. Habla de la vida, la verdad, la luz y el amor, y hace muchos contrastes.
Es muy particular de Juan porque nos habla siempre desde el principio, nos lleva al inicio de todo, nos señala los fundamentos, nos dice quién es Cristo y nos indica cuál es el camino. Todo lo que Dios expone no es para condenación, sino para libertad.
Es una carta muy pastoral de parte de Juan porque está tratando de guiar y ayudar a la Iglesia. Toda carta para las iglesias tiene un mensaje para hoy en día. Nosotros somos Iglesia, por lo tanto, todo mensaje que fue dado a las iglesias tiene también un mensaje para nosotros.
1 Juan: 1:5. Juan nos lleva al principio de todo. La Palabra de Dios dice que Él creó la luz y la separó de las tinieblas.
Génesis: 1:3-5. Para entender qué es la luz necesitamos ir al principio y también entender cuál es el final de esa luz. Dios, en el principio, creó la luz, dijo que haya luz y la luz llegó a existir. Dios consideró que la luz era buena y la separó de las tinieblas.
En Génesis vemos que Dios crea las cosas, después les pone nombre y después las ordena. Y nos vamos hasta el principio porque hay un hilo conductor en toda la Biblia que va desde Génesis hasta Apocalipsis. Hay una luz que fue creada en el principio, pero en las bodas del Cordero, en Apocalipsis: 21, hay una nueva luz que no se apaga nunca, que dura por la eternidad.
Podemos entender que en toda la Escritura, desde Génesis hasta Apocalipsis, hay un intento del novio por rescatar a la novia. Cuando Jesús se fue a preparar esa morada, dijo que iba a dejarnos a alguien: el Espíritu Santo.
El Espíritu y la novia se unen en un mismo clamor y dicen: “Ven”. Entonces, desde Génesis hasta Apocalipsis, vemos este intento del novio por recuperar a la novia y de la novia por mantenerse en el mismo clamor.
Todo esto finaliza con las bodas del Cordero. Podemos relacionarlo con las bodas judías, donde el novio hace un pacto con la novia y se va a preparar una morada. Se va a la casa del padre y tiene que preparar un espacio. Cuando el padre le dice que el espacio está terminado, vuelve a buscar a la novia.
1 Juan nos lleva hacia Jesús, nos habla de que Él es la luz y de que Él estaba en el principio, pero también tiene un mensaje que nos guía hasta el fin.
Los primeros libros dados a Moisés eran la Ley, conocida como la Torá. La raíz de la palabra Torá está relacionada con la señalización, el camino y las instrucciones. Es como una señalización para no apartarse del camino. También tiene el sentido de dar en el blanco.
Como no se cumplió ese pacto, parece que hubo una especie de bautismo de la tierra. Vino el diluvio y la tierra fue sumergida en agua, fue inundada por completo. Al no poder caminar en las instrucciones, hubo una especie de reinicio de todo y todo volvió a nacer de nuevo. Esto se relaciona con el bautismo y con el nacimiento de nuevo. 1 de Pedro 3 compara el bautismo con la tierra y el diluvio.
Hubo un gran reinicio donde todo comenzó nuevamente, pero otra vez nos volvimos a caer. Entonces Dios mandó a su Hijo, mandó a la Luz para que se hiciera carne, para que fuera la luz del mundo y para que iluminara esta tierra.
En la Torá estaban todas las señales y las instrucciones, era la Ley. Pero aun así el pueblo se desvió y Dios mandó a su Hijo. Juan: 3:19-21. Hay una consecuencia y hay una desobediencia, pero también hay una buena noticia.
La buena noticia es que vino Jesús y nos libró por su gracia y su misericordia. Nos pagó ese precio por nosotros.
Pagó un precio que nadie podía pagar: morir, resucitar y salvarnos. Ahora está a la diestra del Padre intercediendo y siendo nuestro abogado.
Juan: 5 . Jesús les está hablando a los religiosos de la Ley, a los que creían en esa Torá de la cual se desviaron. Les dice que si creyeran a Moisés, creerían en Él, porque Moisés escribió acerca de Él. Jesús está diciendo: Yo soy la Palabra.
Juan: 14:10-12 El Hijo de Dios estuvo siempre sujeto al Padre. Por ello puede declarar: “Yo soy la luz del mundo”. Todo aquel que se sujete a las instrucciones de Cristo sabe que está en la luz y no andará en tinieblas.
1 de Juan: 1:5. Las tinieblas son todo lo contrario a la luz. Las tinieblas son la ceguera espiritual, son el pecado, son la oscuridad. La luz es todo lo contrario.
A veces la luz viene y se refleja en nuestras vidas. Cuando el sol está radiante y abrimos una cortina, la luz expone los lugares que no se limpiaron. La luz expone. A veces entra esa luz radiante y expone cosas que son malas, pero la luz no vino a exponer lo malo para condenarnos. Vino a poner en evidencia lo malo para transformarlo, para salir de ese lugar y para cambiarlo.
Hay una parte que nos toca a nosotros. Si eso se expone y lo vemos, tenemos que accionar. Cuando hay mucha tiniebla en un lugar y aparece la luz, se pone en evidencia la maldad que hay en la sociedad y también la necesidad que hay. Nosotros no podemos mirar para otro lado, pues somos la luz del mundo.
Tenemos que ir y estar en la misión. Si queremos unirnos al clamor que el Espíritu y la novia dicen, “Ven”, tenemos que ser parte de la misión. Lo que se expone hay que trabajarlo.
Dios siempre nos saca de nuestra zona de comodidad, pero nunca nos va a sacar de nuestra zona de responsabilidad.
Lo que nos toca hacer, queramos o no, lo tenemos que hacer. Cuando Dios revela algo, cuando el Espíritu Santo nos muestra algo, tenemos que accionar.
A veces tenemos una especie de misticismo acerca de la luz. Pensamos en algo espiritual, en la luz de Dios, en que Dios nos iluminó, y a veces es más sencillo de lo que creemos, pero sí es algo con mucho poder.
La ciencia todavía no puede resolver completamente qué es la luz. Se le preguntó a un científico, doctorado en óptica, qué era la luz y respondió que, según la física, es la radiación visible al ojo humano y es parte de la energía. Después dijo: “Honestamente, no sabemos todavía qué es la luz. Lo que sí pudimos saber es cómo se manifiesta”.
Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo”, pero después también dijo: “Ustedes son la luz del mundo”. Tenemos que alumbrar. No tenemos que apagarnos. Nosotros somos la luz del mundo. Lo opuesto a la luz son las tinieblas, y las tinieblas representan el pecado y la ceguera espiritual.
Cuando no hay buena iluminación, de noche es difícil andar porque no vemos las señales, vamos viendo el camino con tensión y nervios y existen muchos riesgos. De la misma manera, cuando nosotros mismos andamos en oscuridad, cuando empezamos a salirnos, a apartarnos de la luz y empezamos a andar errantes.
La palabra hebrea para luz es or. La palabra luz significa el primogénito sujeto a la autoridad.
Todo cobra sentido porque Jesús nos dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Todo aquel que se sujete a las instrucciones de Cristo sabe que está en la luz y no andará en tinieblas. Todo aquel que se sujete como Cristo se sujetó a Dios va a ser luz. Todo aquel que haga obras en la luz también va a reflejar la luz y va a ser luz del mundo.
Todos los versículos hablan de que Jesús estaba siempre sujeto a la autoridad, que Él era la Palabra y que estaba sujeto a la autoridad. Por eso esto aparece una y otra vez en la Palabra: ser luz es guardar sus mandamientos.
Ser luz nos lleva a estar sujetos a la autoridad, a estar sujetos a Dios, a estar sujetos a sus mandamientos y a estar sujetos a Cristo. Eso es ser luz. Ser luz es guardar sus mandamientos. Juan nos recuerda las palabras de Jesús: amarnos como Él nos amó.
Juan también advierte acerca de aquellos que desvían del camino y hacen errar al blanco. Habla de los anticristos, de aquellos que no predican lo que es Cristo, de aquellos que están en contra de Cristo y que están desviando a las personas del camino.
Ser luz es estar sujetos a la autoridad de Dios. Ser luz también es ser sabios.
Salmo 119:105 Cuando tenemos su Palabra, que es la verdad, aquel que era el principio, aquel que es el Verbo y aquel que era la Palabra, podemos andar en el camino. No solamente podemos andar nosotros, sino que podemos iluminar a otros y ser de luz para otros.
Eclesiastés: 2:13. Andar en luz es dejar de lado las tinieblas. La luz produce un resplandor en medio de la oscuridad. Una luz, un faro, una antorcha encendida, un hogar que está encendido, se hacen visibles en medio de la oscuridad.
Cuando andamos en luz, resplandecemos, iluminamos a otros y hacemos crecer la vida de Cristo en otros. Les mostramos cuál es la vida de Cristo.
Todos portamos una porción de Cristo y esa porción de Cristo hay que hacerla crecer. Ese es el evangelismo. Ya no vamos solamente a decirle a alguien: “Arrepentite del pecado”, sino que lo abrazamos y le decimos: “Hay una porción de Cristo que tiene que crecer en tu vida”.
Todos fuimos creados a su imagen y semejanza. Algunos están en oscuridad y otros están en luz. Necesitamos traerlos a esa luz para que esa luz ilumine, refleje y transforme las vidas.
Juan, en su Evangelio y en Apocalipsis, nos lleva una y otra vez desde el inicio al fin, desde el primer pacto hasta las bodas del Cordero. En el final, Apocalipsis: 21 dice que Él hace nuevas todas las cosas.
El pueblo estuvo en Egipto, estuvo en esclavitud, pero pasó por las aguas y después entró en el desierto. El desierto fue un discipulado. Pasaron por las aguas para entrar en un proceso de discipulado.
Esa Ley, esa Torá, nos dejó una lámpara, una lumbrera, y después Cristo vino a llevarla a un nuevo nivel: “Ámense unos a otros”. No se basaba solamente en normas morales, sino que la llevó a un nivel en que hoy lo podemos vivir. Andar en la luz es estar sujetos a la autoridad de Dios y hacer su voluntad. Andar en oscuridad es aborrecer esa luz.
Es importante que nos quedemos con esto: sujetos a la luz. Nos sujetamos a la autoridad, hacemos las obras, caminamos en justicia, somos luz a los que están en tinieblas y hacemos las obras justas, los actos de justicia que espera el Padre para vestirnos de luz.
Ser luz es practicar la verdad. Cuando vivimos así, alumbramos y somos luz para el mundo.
Mateo: 5:14-16
Somos la luz del mundo. Vamos a llevar esa luz a nuestra casa, vamos a ponerla en lo más alto y no vamos a esconderla. Se van a ver nuestras buenas obras y vamos a alabar a nuestro Padre que está en los cielos, porque Él nos trajo esa luz que necesitábamos.
Había una condenación porque no teníamos la luz y la habíamos aborrecido. Pero hoy tenemos la revelación de entender que vino la Luz, se hizo carne y hoy resplandece y vive en nosotros. Tenemos un llamado a vivir en la luz de Cristo y a participar de la luz eterna. Esto tiene un cierre y tiene un fin.
Apocalipsis: 21:23-24. La ciudad no va a necesitar ni sol ni luna porque la gloria de Dios va a iluminar y el Cordero es su lumbrera. Esa Palabra va a estar ahí y va a ser la lumbrera en el camino. Va a ser el camino por el cual tenemos que ir.
Nosotros sabemos que hoy se cayeron estos velos, que hoy se nos revela esta Palabra. Lo vamos a poder ver, lo vamos a poder interpretar y lo vamos a entender. Hay un mensaje completo y es para cada uno de nosotros.
Señor, nos sujetamos a tu luz y a tu autoridad. Queremos ser luz y que tu luz exponga todo lo que hay que corregir, transformar y cambiar.
Necesitamos de tu luz para iluminar y no esconderla, sino ponerla en alto para que nuestra casa también sea iluminada. Queremos estar sujetos al Padre, hacer obras de luz y cultivar el aceite para que, cuando llegue el momento de iluminar, podamos tener una luz que resplandece.
